lunes, 21 de octubre de 2013

Arsenal químico sirio: destruir imposible sacar


 


El enviado especial de la ONU y la Liga Árabe para Siria, Lakhdar Brahimi, está contento con la actitud de Damasco en la destrucción de sus armas químicas.

Ha inutilizado ya casi la mitad de los equipos para la producción de estas municiones. Pero la desactivación del producto hecho sigue siendo un problema.

Tras haber firmado la Convención sobre la Prohibición de las Armas Químicas, Damasco comenzó a eliminar activamente sus respectivos arsenales bajo control de inspectores internacionales. En dos semanas, destruyó casi la mitad de las bombas y ojivas destinadas para llevar agresivos químicos. 

Un par de semanas más y esta fase del trabajo terminará. El problema es que nadie sabe cómo desactivar los agentes químicos disponibles. El director de Proyectos Informativos del Centro de Estudios Políticos, Andréi Baklitski, comenta: 

De acuerdo a la Convención sobre la Prohibición de las Armas Químicas, todos esos arsenales se destruían antes en territorio del país que los tenía. De esta manera proceden Rusia, EEUU, Libia y Albania. Técnicamente, es incorrecto decir que las armas químicas sirias no puedan ser destruidas en Siria. Pero sabemos que en Siria hay una guerra civil y no es el lugar más indicado para destruir armas químicas. 

El ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, y el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, firmaron el sábado un acuerdo marco para destruir el material y los componentes de armas químicas sirias “fuera de Siria, siempre que esto sea posible”. Damasco ya aceptó enviar parte de sus armas al exterior. Solo que todavía no hay donde llevarlas. El analista político Andréi Baklitski aclara: 
En muchos países está legalmente prohibido traer armas de exterminio masivo al territorio nacional. La propia Convención sobre las Armas Químicas limita estrictamente su desplazamiento. Hay casos bien definidos en los que permite movilizarlas en cantidad máxima de una tonelada anual. Y es que en Siria tenemos unas mil toneladas. Entonces, habrá que inventárselas para saltar de alguna manera la Convención. 

Además, todavía toca encontrar a un país dispuesto a aceptar las armas químicas sirias. De momento no hay ninguno. EEUU intentó convencer a los vecinos de Siria: Turquía y Jordania. Pero estos países afrontan últimamente bastantes problemas con el flujo de refugiados sirios. Y no quieren más. Iraq y Libia son inestables. Países europeos consultados por EEUU, como Albania, Bélgica, Noruega o Francia, no han dado respuesta positiva. Rusia tiene ganas de ayudar, pero no puede. El miembro de la Cámara Social adjunta a la presidencia de la Comisión Militar-Industial de Rusia, Víctor Murajovski, explica: 

La legislación rusa simplemente prohíbe el transporte de agresivos químicos. Además, no hemos terminado aún la destrucción de nuestros propios arsenales. Todavía tenemos miles de toneladas por destruir. Están almacenadas en lugares estrictamente definidos y no se transportan a ninguna parte. Se destruyen allí mismo. 

Existen dos tecnologías para destruir armas químicas. Una supone la neutralización química de sustancias tóxicas y la otra su incineración a alta temperatura. Rusia prefiere la primera opción, EEUU, la segunda. Ambos casos son relativamente seguros, pero suponen la inversión de considerables montos. Nuestro experto militar Víctor Murajovski, comenta: 

Los precios del equipo son conocidos. Una planta desactivadora de fabricación rusa cuesta unos doscientos millones de dñolares. Las incineradoras estadounidenses son más baratas, pero tienen que ser más numerosas. El monto estimado es de los mismos doscientos o doscientos cincuenta millones de dólares. Hay que sumarles los costos de recolección y transporte, la seguridad, y considerar además los volúmenes que se pretende destruir. 

Según diversas fuentes, Siria tiene almacenados en su territorio entre mil a dos mil quinientas toneladas de agresivos tóxicos. De acuerdo al plan internacional, los arsenales químicos sirios deben ser totalmetne eliminados para mediados del próximo año. Elpresidente de Siria, Bashar Asad, manifestó hace unos días que el poceso durará al menos un año. Occidente reaccionó acusándolo de tratar de dilatar el asunto. Pero tal como van las cosas, la estimación de Asad parece más realista que la occidental. 

© Collage: La Voz de Rusia

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